El edificio inteligente: la nueva clave de las energías renovables

Todos los esfuerzos que se hagan desde ya para alcanzar una sociedad de consumo sostenible y «verde» serán pocos. Por responsabilidad social pero también por puro egoísmo, ya que favorecen una mejor calidad de vida a largo plazo. En ese sentido, las energías renovables deben ser uno de los vertebradores fundamentales en los que todos los implicados, incluidos los del sector tecnológico, mantengan la mira.

 

Y es cierto que existen varios ejemplos de energías renovables que están demostrando que pueden satisfacer de forma eficiente nuestras necesidades, en un mundo que cada vez necesita más energía. Pero que, al mismo tiempo, deben vigilar el impacto ecológico y su «huella» asociada. Según Enerdata, la cuota de consumo eléctrico de usuario final en los países del G20 en 2021 se ha incrementado en un 21,7%.

 

A la vez, la cuota de energías renovables en el mismo grupo de países ha llegado a estar en ese año en el 29%. Algo positivo, si se tiene en cuenta que el consumo energético y la emisión de CO2 continúa aumentando — un 4,1% en el primer caso y un 4,4% en el segundo —, según la misma fuente. Es necesario dar un paso más allá.

 

 

Edificios inteligentes y conectados aliados de las energías renovables

Las emisiones de carbono y nuestra huella ecológica en general tienen mucho que ver con nuestro modo de vida. Dentro de ella, el paradigma de habitabilidad, la forma de organizar y gestionar las ciudades y los modelos de urbanismo deben plantearse un cambio. Y la tecnología ya permite pensar en edificios inteligentes, que marchen de la mano con las energías renovables para construir mejores ciudades.

 

Los edificios inteligentes están pensados para optimizar su uso, aumentar el grado de control por parte de los usuarios y reducir casi al mínimo — o hacer desaparecer — su impacto ambiental. Las funciones de las aplicaciones conectadas a los edificios, según establece la  directiva europea deben ser, principalmente:

 

  • Adaptar el consumo energético a través de energías renovables para reducir la demanda y el impacto ecológico.
  • Adaptar el funcionamiento a las necesidades de los ocupantes del edificio, conservar las condiciones climáticas interiores y ofrecer datos sobre el consumo de energía.
  • Permitir una demanda flexible del consumo eléctrico, garantizando la gestión por parte del usuario en caso de necesidad.

 

 

Edificios inteligentes como entes energéticos autónomos

Para alcanzar estas tres funcionalidades deben combinarse varios elementos. En lo referente a las aplicaciones que tienen que ver con la tecnología y la conectividad, el objetivo a corto y medio plazo es poder implementar, entre otras:

 

  • La unificación de central energética y de datos en un mismo interfaz dentro del propio edificio.
  • La utilización de los datos recopilados para la gestión remota, tanto del consumo como de la demanda eléctrica y calorífica, además de las condiciones interiores y exteriores en todo momento.
  • La monitorización y gestión a distancia de la seguridad 24/7.
  • El uso del big data y la inteligencia artificial como elementos operativos fijos, para poder evaluar la situación en tiempo real y tomar mejores decisiones en cuanto al funcionamiento del edificio.

 

A esto hay que sumar otros elementos que van desde la orientación y el diseño arquitectónico de la construcción hasta el uso de nuevos materiales inteligentes y energéticamente autosuficientes. Hablaríamos de paneles refractarios o refrigerantes, ventanas que al mismo tiempo hacen de paneles solares, jardines interiores y exteriores, sistemas autónomos de recogida y reciclaje de aguas, etc.

 

En definitiva, se trataría de aunar tecnología, energías renovables y uso eficiente de información para construir espacios confortables, seguros y que hagan posible unas mejores condiciones de habitabilidad. Tanto en los edificios de nueva construcción como en aquellos que deban adaptarse a través de reestructuraciones y reformas.