Cuándo tu red deja de ser infraestructura para ser un servicio hiperpersonalizado

Por suerte, tu red, ese recurso sin el que ya no entiendes tu trabajo y probablemente tu vida, hace tiempo que dejó de ser un conjunto de cables, servidores y ordenadores, cada uno de ellos más o menos avanzado. Hace ya tiempo que la red ha trascendido esa concepción de infraestructura de telecomunicaciones para transformarse en un ecosistema inteligente que se adapta a realidades y necesidades distintas, que evoluciona, mejora y se ocupa de necesidades muy específicas de la empresa que la utiliza. 

 

 

 El paso de la infraestructura estática a la red dinámica 

 

La visión o concepción tradicional de la red establecía este recurso tecnológico como un elemento pasivo y relativamente estático; algo útil sin duda pero que, sencillamente, «estaba ahí» para satisfacer una serie de necesidades heterogéneas. Por muy avanzada que fuera la tecnología de conectividad, se trataba de unir el punto A con el punto B para transmitir datos. Esto ha quedado atrás: las nuevas necesidades requieren una conectividad más flexible, smart y con una eficiencia a prueba de cualquier situación, por exigente que sea. 

 

Las empresas de hoy necesitan una conectividad que se ajuste en tiempo real a sus picos de demanda, que priorice aplicaciones críticas y que garantice una experiencia de usuario excepcional. La rigidez de las redes convencionales, con su gestión manual y su escalabilidad limitada, ya no es suficiente para afrontar los retos de un entorno empresarial en constante cambio. 

Tecnologías para entender y propiciar el cambio: SDN y NFV 

 

La clave de esta transformación reside en tecnologías como las Redes Definidas por Software —Software-Defined Networking o SDN— y la Virtualización de Funciones de Red —Network Functions Virtualization o NFV—. Estas innovaciones desacoplan el control de la red del hardware físico, lo que permite una gestión centralizada y programable. 

  • SDN: Centraliza la inteligencia de la red, permitiendo a los administradores del departamento tecnológico gestionar el tráfico y los recursos de forma global y automatizada. Esto se traduce en una mayor agilidad, ya que se pueden configurar los servicios de red mediante software sin necesidad de intervenir en la infraestructura física. 

 

  • NFV: Virtualiza funciones de red como firewalls, equilibradores de carga o routers, que tradicionalmente requerían hardware dedicado. Esto permite desplegarlas como software en servidores estándar, aportando una flexibilidad y una reducción de costes sin precedentes 

 

Una red genérica no es suficiente. La era de la hiperpersonalización 

 

Las necesidades ulta específicas de las empresas y la adaptabilidad a ellas de la red ha hecho que la hiperpersonalización sea una característica que destaca en las telecomunicaciones actuales.  Ya no se trata solo de ofrecer diferentes anchos de banda, sino de crear «porciones» de red virtuales y aisladas, cada una con sus propias características de latencia, seguridad y capacidad, adaptadas a aplicaciones o clientes específicos. 

 

Este escenario y otros similares pueden verse beneficiados por tecnologías como el Network Slicing, fundamental en el 5G. Permite a los operadores dividir su infraestructura física en múltiples redes virtuales independientes. 

 

Cada «rebanada» — o slice, en inglés se puede optimizar para un servicio concreto: una para el streaming de vídeo de alta definición, otra para comunicaciones críticas de baja latencia en la industria 4.0 y otra para el despliegue masivo de dispositivos IoT. Los servicios bajo demanda son otra manifestación de esta tendencia, permitiendo a las empresas escalar sus recursos de red en tiempo real y pagar únicamente por lo que utilizan. 

 

 Cómo puedes beneficiarte de la hiperpersonalización 

 

Además de preparar tus telecomunicaciones para las necesidades del mercado actual, la hiperpersonalización presenta algunas ventajas competitivas evidentes: 

 

  • Experiencias a medida: Cada aplicación y usuario recibe la calidad de servicio que necesita, mejorando la satisfacción y la productividad.

 

  • Mayor agilidad empresarial: Capacidad de desplegar nuevos servicios y adaptarse a las demandas del mercado de forma casi instantánea. 

 

  • Eficiencia operativa: La automatización y la gestión centralizada simplifican las operaciones de red, reduciendo errores manuales y costes operativos. 

 

  • Impulso a la innovación: Una infraestructura flexible permite experimentar y desarrollar nuevos modelos de negocio que antes eran inviables.

 

Puede parecer que muchos de los avances y tendencias tecnológicas avanzan más rápido de lo que podemos asumirlas, y que las organizaciones se suman a ellas casi siempre sin entender del todo su impacto o cómo implementarlas. Disponer de una red como ecosistema inteligente y flexible, totalmente personalizado como has podido comprobar, representa un «arma» competitiva que te permitirá utilizar tus recursos de manera mucho más eficiente, al mismo tiempo que garantizas la prestación de un mejor servicio a tus clientes. 

 

Nos dirigimos a un mundo en el que las infraestructuras de telecomunicaciones están ajustadas casi a las necesidades de cada individuo. No es mala idea intentar adelantarse a esa realidad disponiendo de la tecnología que, eventualmente lo pueda hacer posible en un momento dado. 



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